El año 1979 fue clave en la historia del socialismo español y asturiano. En las elecciones generales (1 de marzo) y municipales (3 de abril), el PSOE asturiano crece en porcentaje de votos -37,37% y 34,20%- respecto a las de 1977 -30,9%-. En las municipales, el pacto firmado entre la FSA y el PCA hizo posible que las ciudades y villas más importantes de la región, salvo Oviedo, tuvieran alcaldes socialistas. En abril de 1979, la FSA-PSOE se confirma como una opción política que debe asumir la responsabilidad de la gestión pública.
Unos meses antes, Rafael Fernández, secretario general de la FSA-PSOE hasta el 10 de junio de 1978, había asumido la presidencia del Consejo Regional. El poder regional, eso sí, tardará un tiempo en hacerse realmente efectivo: Asturias no dispuso de las primeras transferencias hasta abril de 1980.
La situación de preponderancia política de la FSA-PSOE se correspondía con una cierta debilidad orgánica, puesta de manifiesto por Celestino Suárez, secretario de Organización, en el XXI Congreso (Perlora, 23-25 noviembre de 1979). A ese congreso acudieron 239 delegados, con el mandato de 4.689 afiliados.
Los éxitos electorales, sobre todo municipales, contribuyeron al debilitamiento orgánico, ya que numerosas personas asumieron las responsabilidades en los ayuntamientos. Carencias que tampoco se remediaron con la incorporación a la FSA, en 1978, de unos 140 militantes procedentes del Partido Socialista Popular (PSP) de Tierno Galván.
Pero la FSA-PSOE no sólo padecía las consecuencias de su " crisis de crecimiento ", sino que en 1979 sufrió, al igual que el resto del socialismo español, una sacudida ideológica, desencadenada por Felipe González, en el XXVIII Congreso, al proponer el abandono del marxismo como referente de la praxis política.
La delegación de la FSA tuvo gran protagonismo. Fue la moción asturiana la esgrimida por el madrileño Francisco Bustelo como alternativa a la sevillana. En la misma se dejaba claro " el carácter de partido de clase, de masas, marxista, democrático y federal " del PSOE.
El intento de Sevilla de enmendar la ponencia asturiana fue derrotado con el voto del 62% de los delegados, provocando la dimisión de Felipe González para desolación de buena parte de la delegación asturiana, algunos de cuyos componentes habían propiciado su promoción a la Secretaría General en Suresnes. Se cuestionaban los principios, pero no al líder que, junto a Alfonso Guerra, acabó saliendo reforzado de la crisis tras el subsiguiente Congreso Federal Extraordinario (Madrid 27 y 28 de septiembre).
La nueva dirección, con Ramón Rubial como presidente, Felipe González como secretario general y Alfonso Guerra como vicesecretario -y en la que la FSA estaba representada por José Ángel Fernández Villa como vocal-, tenía en sus manos un partido casi de nueva planta.
En Asturias, el XXI Congreso de la FSA se encargó de adaptar a la realidad regional los acuerdos del Federal y eligió la siguiente Comisión Ejecutiva:
En consonancia con la línea oficial federal, que pronto se empezaría a denominar "guerrista", se confirmaba el obrerismo histórico en la FSA. La dirección política fue refrendada en el Congreso Extraordinario que tuvo lugar en Mieres (octubre de 1981), previo al XXIX Federal y en el XXII Congreso (Oviedo, 15 al 17 de enero de 1982), del que salió una Ejecutiva con Sanjurjo de nuevo al frente de la Secretaría General y en la que Luis Martínez Noval asume la Vicesecretaría General de nueva creación.
Además, se aprobó un programa de gobierno para la Comunidad Autónoma, que quedaría constituida como tal el 31 de enero, 20 días después de la publicación del Estatuto de Autonomía en el B.O.E. Rafael Fernández, presidente del Consejo Regional y senador, fue presentado como candidato a presidir el primer Gobierno autonómico.
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